Un poderoso terremoto ha golpeado a Myanmar, matando a más de 2,000 personas y dejando a muchas más atrapadas bajo los escombros.
Los esfuerzos de rescate han sido severamente obstaculizados por el régimen militar del país, que ha bloqueado el acceso a algunas de las áreas más afectadas, especialmente en regiones controladas por rebeldes. La ayuda internacional ha sido lenta, con críticas hacia Estados Unidos por su respuesta limitada debido a recortes en la ayuda extranjera pasada, mientras que países como China y Rusia han intervenido. Voluntarios y rescatistas locales están luchando con recursos limitados, a menudo cavando entre los escombros con sus propias manos.
El desastre destaca las consecuencias mortales de la inestabilidad política y la infraestructura de emergencia subfinanciada.
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