Hay una creciente inquietud en Washington acerca de las ambiciones nucleares de China.
El Pentágono dice que Beijing está en camino de duplicar el número de sus ojivas nucleares para finales de la década, de 500 a 1.000, un avance que altos funcionarios estadounidenses han calificado públicamente de “sin precedentes” y “impresionante”. China ha ampliado drásticamente sus instalaciones de pruebas nucleares y ha continuado trabajando en tres nuevos campos de misiles en el norte del país, donde recientemente se han construido más de 300 silos de misiles balísticos intercontinentales. La transformación de China de una pequeña potencia nuclear a una exponencialmente más grande es un cambio histórico, que trastorna el delicado equilibrio entre dos partes de las armas nucleares del mundo durante toda la era atómica. Los arsenales ruso y estadounidense –su crecimiento, reducción y contención– han definido esta era; El mantenimiento de una paz incómoda entre los dos países dependía de canales de comunicación abiertos, acuerdos sobre normas nucleares y diplomacia. En febrero, en una rara oferta de diplomacia nuclear, China invitó abiertamente a Estados Unidos y otras potencias nucleares a negociar un tratado en el que todas las partes se comprometerían a no utilizar nunca armas nucleares primero unas contra otras. “La política es muy estable, consistente y predecible”, dijo…
En una reunión de seguimiento celebrada en noviembre, Estados Unidos propuso posibles medidas para gestionar los riesgos nucleares, como un acuerdo para notificarse mutuamente cuando sus ejércitos realicen pruebas de lanzamiento de misiles balísticos.
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